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Nicolás Maduro

Presidente de la República electo el 14 de abril de 2013, al vencer por un margen de votos menor a 2% al opositor Henrique Capriles Radonski. El ex dirigente sindical del Metro de Caracas obtuvo un curul en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional en 1998 por el partido Movimiento V República (MVR). Como representante del chavismo, se convirtió luego en miembro de la Asamblea Nacional Constituyente en 1999. En 2000 ganó un escaño en la Asamblea Nacional, institución que presidió entre 2005 y 2006. Ese último año fue llamado por el presidente Hugo Chávez a ocupar el Ministerio de Relaciones Exteriores. Tanto opositores como chavistas reconocieron su crecimiento como canciller, y en 2012 lo designaron como vicepresidente de la República. El 8 de diciembre de 2012, Chávez, después de ganar la Presidencia por cuarta vez en 14 años, anunció que debía someterse a nuevos tratamientos para enfrentar su enfermedad, un cáncer que le fue diagnosticado hacía año y medio atrás, por lo que dejaba encargado a Maduro, a quien también nombró su sucesor si algo llegara a pasarle. El 5 de marzo, el excanciller notificó el deceso del líder de la revolución chavista. A los 39 días, se celebró el proceso electoral que ganó a Capriles Radonski, pero desde entonces el nuevo mandatario enfrentó protestas de sectores de oposición, que tuvieron su mayor expresión desde el 12 de febrero de 2014, con manifestaciones en las principales ciudades del país. En mayo cesaron las protestas tras la intervención de organismos de seguridad, pero el mandatario continuó enfrentando problemas, de corte económico, con el alza de la inflación, la escasez y el valor del dólar paralelo al control de cambio oficial, mientras caía en las encuestas con un leve repunte en marzo producto del manejo comunicacional efectuado tras el decreto del presidente estadounidense Barack Obama -que sancionó a siete funcionarios venezolanos por la violación de derechos humanos-. Para el 1° de mayo, Maduro anunció un revolcón económico, pero dos días antes se conoció la declaración de Roger Noriega, ex subsecretario del Departamento de Estado de EEUU, quien dijo al diario El Nuevo Herald que autoridades de ese país tenían pruebas sobre presunto narcotráfico del entonces presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. “Estas investigaciones están muy activas, y están generando volúmenes substanciales de evidencia […] Estas investigaciones involucran al gobernador de Aragua, Tarek El Aissami, y al propio Maduro”. (Lea más en PERFIL)

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Perfil

Las mesas de votación ya habían cerrado y comenzaba el conteo de los sufragios para saber quién sería elegido como el nuevo presidente de Venezuela. Por un momento el vapor de la derrota se apoderó del personal civil y militar del palacio de gobierno. Nicolás Maduro, el heredero, tenía en riesgo la continuidad de un proceso iniciado 14 años atrás, cuando él, entonces dirigente sindical y chofer del Metro de Caracas, era uno de los asistentes de Hugo Chávez Frías.

Solo 40 días antes, Chávez había fallecido a consecuencia de un cáncer. Maduro, vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores, fue nombrado presidente encargado ante la falta absoluta del mandatario, no sin polémica por parte de la oposición, debido a que constitucionalmente correspondía al presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, asumir las riendas del Ejecutivo y llamar a elecciones en un plazo de 30 días. Pero Chávez, en su última alocución pública (el 8 de diciembre de 2012), dio sus instrucciones finales a sus seguidores. 

El 7 de octubre de 2012, con una ventaja de casi un millón 600 mil votos, Chávez se impuso al candidato de la Mesa de la Unidad, Henrique Capriles Radonski. Para el cierre de la campaña, la noche del 4 de octubre, el centro de Caracas se llenó de gente, mientras un aguacero caía sobre un Chávez que desafiaba su estado de salud.

A su lado estaba Maduro, quien en un momento de desfallecimiento del entonces candidato-presidente, ordenó la retirada y el corte abrupto del acto final.

Reelecto por tercera ocasión consecutiva, Chávez se dirige a la nación a las 9:33 pm del sábado 8 de diciembre. Como si fuera pasando las páginas de un guion de suspenso, el presidente incrementa la tensión de su alocución. Lo que había comenzado con chistes acerca de una película de los 70 y de un baile de los noventa llamado lambada, desemboca en un mensaje de angustia. Los exámenes médicos revelaron la reaparición de células malignas y la necesidad de someterse a una nueva operación en La Habana.

Acompañado a su derecha por Cabello y a su izquierda por Maduro, lanza palabras que ponen punto y coma a la historia contemporánea de Venezuela: “… yo quiero decir algo, quiero decir algo, aunque suene duro, pero yo quiero y debo decirlo, debo decirlo. Si como dice la Constitución, cómo es que dice, si se presentara alguna circunstancia sobrevenida, así dice la Constitución, que a mí me inhabilite, óigaseme bien, para continuar al frente de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, bien sea para terminar, en los pocos días que quedan… ¿Cuánto?, ¿un mes? Hoy es… Sí, un mes, un mes… Y sobre todo para asumir el nuevo período para el cual fui electo por ustedes, por la gran mayoría de ustedes, si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir, como manda la Constitución, el período; sino que es mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que —en ese escenario que obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales— ustedes elijan a Nicolás Maduro como próximo presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.

Las órdenes de Chávez fueron cumplidas. El Consejo Nacional Electoral anunció la victoria de Maduro, quien derrotó al nuevamente aspirante por la Mesa de la Unidad, Henrique Capriles Radonski, por 235 mil votos, menos de 2% de diferencia, la segunda más pequeña en la historia democrática del país, después de la victoria de Rafael Caldera sobre Gonzalo Barrios en 1968.

Al día siguiente, el 15 de abril, el CNE lo proclamó y el nuevo presidente, acompañado de la que hasta entonces era su pareja oficial, mas no su esposa, la exdiputada y exprocuradora Cilia Flores, pidió respeto para la mayoría y denunció la intención de un golpe de Estado por parte la oposición liderada por Capriles Radonski, quien a su vez alertaba sobre el fraude electoral que habría impedido su victoria.

El análisis de los números revela que al comparar la votación obtenida por Chávez el 7 de octubre con la lograda por Maduro el 14 de abril, el chavismo perdió, en 127 días contados desde el 8 de diciembre, un promedio de 4.752 seguidores diarios, mientras que Capriles Radonski creció en 6.084 por día en el mismo periodo.

El 19 de abril de 2013 bajo la protesta de la oposición, la solicitud de revisión de 100% de las actas, 11 muertos en manifestaciones y la presión internacional, el nuevo mandatario se juramentó para iniciar su primer año de gobierno con la necesidad de consolidar su poder dentro y fuera del chavismo, así como más allá de las fronteras del país.

A LA SOMBRA DEL PADRE

Cuando Chávez designó a Maduro como ministro de Relaciones Exteriores en agosto de 2006, el hasta entonces presidente de la Asamblea Nacional, por segundo periodo consecutivo, se convirtió, con 44 años, en el canciller más joven de la historia republicana. Al dejar el cargo en enero de 2013, acumularía una experiencia de seis años y cuatro meses, por lo que se llevaría también el récord de ser el funcionario con más tiempo en esa posición.

Recibió esa asignación sin experiencia previa ni estudios en política internacional. Hasta entonces, su contacto con el mundo de la diplomacia se reducía a su participación en el Grupo Boston, una organización interparlamentaria conformada por diputados del Congreso de EEUU y la Asamblea Nacional que funciona desde 2002, donde participó el secretario de Estado, John Kerry.

Maduro tuvo una experiencia internacional anterior, pero esa vez como cuadro político de la Liga Socialista, cuando el partido lo envió a la Escuela de Formación Política de La Habana, en Cuba, entre 1986 y 1987.

Antes de esa fecha no era más que un joven de clase media que vivía en el sector Los Chaguaramos en Caracas, hijo menor de Nicolás Maduro García, un adeco que participó en luchas sindicales, y María Teresa Moros de Maduro, nacida en Colombia, quienes tuvieron tres hijas mayores al único varón.

En su juventud, fue miembro de una banda de rock, jugaba béisbol y participaba en actividades políticas en el liceo José Ávalos y en las comunidades de El Valle –suroeste caraqueño- junto a quienes luego serían sus compañeros de luchas en el Paritdo Socialista Unido de Venezuela (Psuv), Juan Barreto y José Khan, entre otros.

Era el que menos pensaban que entraría de lleno a la política. Un amigo de la época lo  recuerda como impuntual y que no se tomaba muy en serio la militancia, según un perfil publicado en la página web de Últimas Noticias.

De acuerdo con una hoja de vida extraída del archivo de Recursos Humanos del Metro de Caracas, Maduro solo concluyó el tercer año de bachillerato. Su currículo indica experiencia como encuestador y promotor cultural. Notas de prensas señalan que eventualmente, dada su altura, sirvió en el equipo de seguridad de José Vicente Rangel en la campaña de 1983 y del cantante Pablo Milanés en visitas a Caracas.

El dirigente de Bandera Roja, Carlos Teixeira, en entrevista con Últimas Noticias, lo recordó en los pasillos del Pedagógico de Caracas, cuando el mandatario realizaba trabajo político para captar cuadros que se sumaran a la Liga Socialista.

Poco tiempo después de sus casi dos años de formación en La Habana, Maduro ingresaría al Metro de Caracas en el año 1991, como operador de transporte terrestre, es decir, chofer de metrobús.

El día que el teniente coronel Hugo Chávez Frías comandó el intento de golpe contra el presidente Carlos Andrés Pérez, el 4 de febrero de 1992, Maduro cumplía su turno como conductor de la unidad asignada. Teixeira recuerda que se lo encontró en la urbanización San Bernardino de Caracas y Maduro le comentó su rechazo al alzamiento militar, porque a su criterio la Fuerza Armada estaba tomada por la burguesía.

Dos años después, cambiaría de opinión y se sumaría al grupo de personas que en julio de 1994 dieron la bienvenida a un indultado Chávez en Los Próceres, donde el comandante del 4 de febrero daría inicio a otra etapa de su historia.

DESENLACE

En mayo de 2011, luego de la estafa causada por el banquero Francisco Illaramendi a los fondos de jubilados y pensionados de Pdvsa, Chávez lo designó director de la corporación estatal. Casi un mes después, el 10 de junio de 2011, el entonces canciller, quien se encontraba de gira con el andatario, se encargaría de develar parte de las razones por las cuales el líder del proceso llevaba alrededor de un mes desaparecido de la escena pública. En una transmisión televisiva desde La Habana, Maduro informaría que al presidente se le detectó un absceso pélvico “el cual ameritó la decisión (tomada por el propio Chávez) de someterse de manera inmediata a un procedimiento quirúrgico correctivo”.

21 meses después y transcurridos 57 días de la alocución en la que Chávez designó a Maduro como su heredero, Maduro expresó con la voz quebrada, desde el Hospital Militar, el desenlace que se esperaba desde diciembre de 2012. “Recibimos la información más dura y trágica que podamos transmitir a nuestro pueblo. A las 4:25 de la tarde (del 5 de marzo) ha fallecido el Comandante Presidente Hugo Chávez Frías".

Sólo 72 horas después, el 8 de marzo, Maduro fue juramentado presidente encargado de la República. Al día siguiente, el Consejo Nacional Electoral convocó a nuevas elecciones presidenciales, a realizarse el 14 de abril, con apenas 10 días de campaña.

Fueron cerca de 240 horas de proselitismo político constante, con la imagen del comandante fallecido como principal portavión para el candidato oficialista, que utilizó como eslogan “Chávez te lo juro, mi voto es pa’Maduro”. Incluso llegó a decir, durante una gira por Barinas, que el líder de la revolución se le apareció en la casa de la familia Chávez. Además, exacerbó una de las estrategias usadas por su antecesor, al emplear a figuras del mundo artístico en sus actos proselitistas, lo cual generó críticas internas.

Los resultados de los 10 días de campaña se revelaron el 14 de abril, con un cerrado triunfo a favor de Maduro, que generó inmediatas protestas de la oposición y de Capriles Radonski, quien solicitó de inmediato revisar todas las actas. El nuevo presidente, desde Miraflores, dio la bienvenida a la auditoría, pero manifestó: “Podemos decir que tenemos un triunfo electoral justo, legal, constitucional y popular”.

Al día siguiente, mientras Capriles Radonski anunciaba una marcha hasta el ente electoral, las autoridades del CNE, sin la presencia de uno de los cinco integrantes de la directiva en protesta por la falta de auditorías, proclamaron al vencedor. “Mayoría es mayoría y debe respetarse en democracia. No se pueden buscar emboscadas… eso solo tiene un nombre: golpismo”, resaltó Maduro esa tarde.

El 19 de abril, en la Asamblea Nacional y con la presencia de 30 dignatarios extranjeros, Maduro fue juramentado por Diosdado Cabello. En plena ceremonia, un joven supuestamente improvisado rompió el anillo de seguridad y se abalanzó sobre al estrado donde se encontraba el nuevo presidente. Yendri Sánchez le arrebató el micrófono al mandatario para pedir ayuda. Cabello sería el primero en maniatarlo. El joven, diagnosticado con insania mental, fue puesto preso en la cárcel de Coro, Falcón.

Desde entonces la seguridad de Maduro ha sido una constante para su gobierno: según una nota del periódico El Nacional, el presupuesto del Despacho de la Presidencia para el año 2015 estimaba que el Gobierno invertiría 80% más en la seguridad del presidente (36 millones de bolívares), que en el desarollo de las misiones sociales (20 millones de bolívares), bandera de la gestión del fallecido presidente Chávez.

SIN LUNA DE MIEL

En su primer año de gobierno, Maduro enfrentó sucesivas crisis, en una vorágine de acontecimientos que se solaparon, uno sobre otros, y que lo mantuvieron anclado en Miraflores, por lo que suspendió viajes al exterior.

A solo días de la toma de posesión, a principios de mayo, capturaron a la exgerente del Banco de Desarrollo Social (Bandes), María de los Ángeles González, involucrada en una operación de bonos con una firma de EEUU, por lo cual recibía un pago de soborno.

El 20 de mayo, el diputado Ismael García, excompañero en las filas del chavismo y más tarde opositor, daría a conocer una grabación en la que se escucha una voz idéntica a la de Mario Silva, presentador del programa de TV La Hojilla, revelando amenazas, conjuras y traiciones en el seno del chavismo, que involucran entre otros, a Cabello. Además, critica la figuración pública de Cilia Flores, pareja del presidente. La crisis se saldó con la salida de Silva de VTV.

En esa turbulencia llegaría julio. Luego de una relación de 19 años, Nicolás Maduro y Cilia Flores, ambos seguidores de la corriente espiritual de Sai Baba, firmaron el documento que los une legalmente. El alcalde de Libertador, Jorge Rodríguez, fungió como casamentero. Para ambos era el segundo matrimonio. Él estuvo casado durante 21 años con Adriana Guerra Angulo, con quien tuvo un hijo, Nicolás Ernesto, músico, quien pasó a formar parte de un grupo de inspectores de la presidencia.

Pero desde su juramentación y boda, Maduro no tuvo tiempo para la luna de miel, ni en lo político ni en lo personal. El año 2013 culminó con el dólar negro flotando sobre 60 bolívares, la escasez por encima de 30% y la cifra de muertos en manos de la delincuencia superior a los 11 mil fallecidos de acuerdo con las cifras oficiales. A su favor, cuenta la victoria del chavismo en las elecciones municipales de diciembre y el descalabro de Capriles Radonski, quien apostó a ese proceso como un plebiscito a la gestión presidencial. También desde noviembre la Asamblea Nacional le otorgó poderes especiales para legislar.

Pese a la victoria en las urnas, el nuevo año no dio tregua. La inseguridad activó la emergencia. El asesinato de la ex Miss Venezuela, Mónica Spear, y de su ex esposo, Thomas Berry, provocó el anuncio de nuevo planes de seguridad y advertencia a los delincuentes: “El que quiera venir a matar, se va a encontrar con la mano de hierro del Estado”, anunció Maduro, desafiante.

LA HORA MENGUADA

Lo peor estaba por llegar y en desarrollo. Leopoldo López, María Corina Machado, Antonio Ledezma y Gabriel Puerta, entre otros dirigentes de oposición, anunciaron la activación de La Salida, con el objetivo de buscar una opción constitucional que permitiera desalojar a Maduro de Miraflores. El intento de violación de una joven en San Cristóbal desató una serie de marchas y protestas que luego se extendieron a las principales ciudades del país.

El primer saldo mortal llegó la tarde del 12 de febrero en el centro de Caracas, cuando asesinaron con tiros en la cabeza al dirigente de colectivos del 23 de Enero, Juancho Montoya; y al joven opositor Bassil Dacosta. Ese día Maduro anunció que estaba en desarrollo un golpe de Estado: “Hay un grupo fascista que utiliza las libertades públicas y la democracia para hacer política pública y prepararse para derrocar al Gobierno”.

Cuatro días después Maduro afirmó que con la misma arma habían asesinado a Montoya y Dacosta. Además, tras la publicación de un video realizado por Últimas Noticias, que mostró a funcionarios policiales actuando en el sitio de los homicidios, el presidente informó que efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) incumplieron la orden de acuartelamiento. Entonces cambió al director del Sebin, general Manuel Bernal Martínez.

Desde ese 12F, más de 40 venezolanos también fallecieron en medio de las protestas y más de dos mil ciudadanos fueron capturados y presentados por la Fiscalía ante los tribunales. Menos de 10% de ellos permanecieron detenidos meses después y algunos fueron sentenciados, como el dirigente de Voluntad Popular, Leopoldo López y los alcaldes de San Cristóbal (Táchira), Daniel Ceballos; y de San Diego (Carabobo), Enzo Scarano.

La represión de las protestas por parte de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivaria generó reacciones nacionales e internacionales. En medio del repudio de unos gobiernos y las muestras de solidaridad de otros, Maduro llamó al diálogo. El 26 de febrero convocó a la Conferencia de Paz, donde el tema económico predominó. Pero los líderes de la oposición no asistieron a esas reuniones. Pusieron sus condiciones, entre otras la libertad de los presos políticos, ante lo que no se doblegó el presidente. En cambio señaló a la dirigencia opositora de dejarse chantajear. En tanto, los cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) hicieron propuestas para alcanzar la paz y se propuso al Vaticano como mediador.

A casi un año de su llegada al poder el presidente aseguró haber derrotado el golpe de Estado. Pero el dólar negro siguió sobre 60 bolívares y la nueva alternativa cambiaria, el Sicad 2 no bajó de 49 bolívares, mientras la escasez de alimentos superó 40% según cifras de Datanálisis. El viernes 4 de abril llamó a sus seguidores a dejar “el gamelote mental” y mejorar la productividad de las empresas en manos del Estado.

En tanto que al menos tres encuestas registraron evaluaciones críticas de la gestión de Maduro, entre ellas Ivad, que solía exponer números muy favorables cuando Chávez era el mandamás. Además, el diputado Walter Márquez mantuvo un cuestionamiento, supuestamente documentado, sobre el lugar de nacimiento del mandatario, pues alegó que tiene nacionalidad colombiana, lo cual le impediría ejercer la Presidencia. Todo esto ocurrió mientras gran parte de los medios de comunicación tradicionales se encontraban bajo el dominio directo o indirecto del oficialismo.

Maduro, el heredero, el chofer de metrobús, el dirigente sindical, el canciller y luego presidente, aseguró públicamente que dormìa como “un niño” y que ejercía el poder sin importarle para nada que lo llamaran dictador”.

El 24 de septiembre de 2014 hizo su primera intervención en la Cumbre sobre el Cambio Climático de la Organización de Naciones Unidas (ONU) efectuada en Nueva York, Estados Unidos, donde aseguró que el capitalismo es causante de la crisis ambiental en el mundo. Llamó -tomándole la palabra a Chávez- a cambiar el sistema para poder cambiar el clima.

¡ES LA ECONOMÍA! Y ALGO MÁS

El segundo evento internacional de importancia en que participó Maduro sucedió en abril de 2015. Fue la Cumbre de las Américas en Panamá, que estuvo antecedida por la campaña de recolección de firmas contra el decreto dictado por el presidente de EEUU, Barack Obama, contra siete funcionarios venezolanos señalados de violar los derechos humanos durante las manifestaciones de 2014.

El manejo comunicacional del equipo del mandatario nacional permitió que por primera vez desde noviembre de 2013 éste subiera puntos en las encuestas. Según Datanalisis y otras empresas de estudios de opinión, Maduro ascendió de cuatro a cinco puntos para ubicarse entre 24% y 26% de popularidad, muy por debajo Leopoldo López, el dirigente de Voluntado Popular recluido en Ramo Verde, con más de 40% de popularidad. En la cumbre Maduro solo alcanzó a hablar unos minutos con Obama en un pasillo y no le entregó las firmas en contra del decreto como había anunciado.

Cuando pareció que las tensiones contra EEUU bajaron en grado de intensidad, el Presidente enfocó sus críticas a su colega español Mariano Rajoy, lo que provocó que el país ibérico protestara y convocara a consulta a su embajador en Venezuela.

Sin embargo, la mayor dificultad de Maduro radicó en el control de las variables económicas, con el alza de la inflación, la escasez y el valor del dólar negro, mientras el precio del petróleo se mantenía por el orden los 50 dólares, insuficiente para cubrir el presupuesto de la nación que ya apuntaba a un déficit de alrededor de 30 mil millones, por lo que en abril se anunció la reducción del cupo viajero (la oferta de divisas preferenciales para viajes al exterior) del Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex), así como la centralización del otorgamiento de los dólares solo a través de la banca pública, aunque ninguna medida pareció suficiente.

Para el 1°de mayo, el mandatario anunció un revolcón económico que afectaría a la burguesía, con la Polar como principal objetivo, según reportes de prensa. Dos días antes, el 30 de abril,  Roger Noriega, ex subsecretario del Departamento de Estado de EEUU,  dijo al Nuevo Herald que autoridades de ese país tenían pruebas sobre la relación con el narcotráfico del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. “Estas investigaciones están muy activas, y están generando volúmenes substanciales de evidencia […] Estas investigaciones involucran al gobernador de Aragua, Tarek El Aissami, y al propio Maduro”.

El 6 de junio el presidente suspendió su visita al Vaticano, donde se reuniría con el Papa, por razones de salud. Cuatro meses antes, según datos de El Pitazo TV, también había cancelado su viaje hacia Uruguay para la toma de posesión del presidente Tabaré Vásquez. Y el año anterior, en febrero de 2014 -durante las protestas-, tampoco asistió a la toma de posesión de Michelle Bachelet en Chile.

El 13 de julio, anunció la instalación de un nuevo plan de seguridad, denominado Operación de Liberación del Pueblo y de Protección de los Territorios (OLP), para combatir la delincuencia y las prácticas de paramilitarismo, principalmente en urbanismos construidos por el Estado en el marco de la Gran Misión Vivienda Venezuela -uno de los principales programas sociales del chavismo-. Pero organizaciones no gubernamentales de trayectoria, como Provea y Cofavic, comenzaron a reportar ese mismo mes denuncias de violaciones de derechos humanos durante los operativos de las OLP e, incluso, la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, se manifestó al respecto en televisión nacional. “Nos preocupan las OLP por la cantidad de denuncias que ha recibido el Ministerio Público sobre violaciones de derechos humanos. Sólo en el caso de la Cota 905, tenemos denuncias de destrucción de viviendas, de hurto por parte de los funcionarios interventores”, dijo el 20 de julio en una entrevista en el canal Venevisión.

En agosto de 2015, faltando cuatro meses para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, Maduro fue uno de los presidentes latinoamericanos menos queridos en América Latina según una encuesta de la Ipsos Public Affairs, que medía la popularidad de varios presidentes del continente. De acuerdo con el sondeo, relizado a periodistas en 16 países, 83% de los consultados desaprobó su gestión. Chile y Colombia fueron los países que más rechazaron su mandato.

Así mismo, los datos arrojaron que 87% de los periodistas consultados evaluaban negativamente la libertad de prensa en Venezuela desde que el presidente tomó posesión, y otro 79% también desaprobó su política económica. 

El 19 de agosto, luego de conocerse la noticia de la muerte de dos militartes venezolanos en el estado Táchira, Maduro ordenó el cierre de la frontera por 72 horas como una de las medidas para combatir el presunto paramilitarismo y el contrabando. Tres días después, el mandatario anunció que el cierre era indefinido y decretó un estado de excepción en cinco municipios del Táchira. En su anuncio, responsabilizó a Colombia de llevar el "bachaqueo" -término usado para referirse a la compra de productos a precio regulado para venderlos a mayor precio- a Venezuela.

"¿De dónde creen ustedes que viene el fenómeno del bachaqueo? Esto viene de la frontera con Colombia, de las mafias narcotraficantes paramilitares contrabanditas que se llevan nuestra gasolina y se llevan los alimentos del pueblo venezolano”.

Días posteriores al cierre, aparecieron denuncias de colombianos residenciados en Táchira,  desalojados de sus casas por funcionarios de la GNB y deportados de vuelta a Colombia. Como parte de las medidas tomadas por Maduro, el 24 de agosto el presidente añadió más municipios a la zona de excepción.

 

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